www.arhca.esPROYECTO PARA INSTITUIR UNA CRUZ DE DISTINCIÓN CONMEMORATIVA

DEL PRIMER CENTENARIO DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ASTURIAS[1]

 

 

            Con ocasión de la celebración de los fastos conmemorativos del I Centenario de la Guerra de la Independencia dedicados a exaltar y perpetuar las glorias patrias, y con la finalidad de mantener imperecedero el recuerdo de la memorable gesta protagonizada por los hijos del Principado de Asturias que, por su condición y Nobleza, le cupo el honor de ser la primera provincia en asumir el gobierno de España y, en su nombre, declarar la guerra a Francia, no podía permitirse el lujo que quedarse a la zaga del resto de los actos que se estaban desarrollando –o que ya habían concluido– en el resto de las regiones españolas, por lo que estaba obligada a cooperar a este objeto.

 

            Por tal motivo, y atendiendo a la buena acogida que tenía, tanto en Madrid como en Asturias, la significación del evento, se consideró la posibilidad, tal como lo habían hecho otras provincias protagonistas de hechos singulares, de acudir al Gobierno de la Nación para demandarle la creación de una condecoración conmemorativa de la efeméride, estimando por conveniente que dicha insignia fuera o fuese, en todo o en parte, igual a la Cruz de Distinción del Ejército Asturiano creada por Real Orden de 4 de junio de 1815.

 

            El proyecto de condecoración fue redactado por D. Rafael Fuertes Arias de Castilla, socio del Centro Asturiano de Madrid. 

           

            D. Francisco Ladreda, miembro destacado del Centro Asturiano de Madrid,  creyendo oportuno aprovechar la convocatoria de reunión de la Junta general extraordinaria prevista para el 11 de junio de 1910, con el objeto de que ésta ofrezca el respaldo oficial definitivo al proyecto de condecoración, decide presentar ante dicha Junta la siguiente moción:

 

            “Señores socios del Centro Asturiano:

 

                        A los efectos de conseguir que sea prontamente un hecho el tantas veces     resucitado y tantas otras fenecido proyecto de Casa propia para nuestro Centro          Asturiano, un ilustre consocio nuestro, D. Rafael Fuertes Arias de Castilla,        fundándose en las brillantes deducciones de nuestra historia, comparando éstas     con la de otras regiones y haciendo brillantes comparaciones con toda la        maestría de su ingenio, ha pensado y ultimado, en todos sus detalles, el proyecto             de una condecoración para hijos de Asturias y oriundos de ella, a fin de señalar             el I Centenario de nuestra Independencia y cuya gracia ha de ser otorgada por      el Gobierno de S. M., siendo luego de la incumbencia de la directiva de este          Centro y de las personas oportunamente designadas que a ella se unan, el llevar             a cabo la confección de este distintivo, así como el de expedir los diplomas para       su uso, hacer efectivo el importe de éstos y el de la insignia, y, en una palabra,      cuanto a su administración desde el primer momento se refiera.

                        En vista de esto, el que suscribe, entendiendo que este proyecto inspirado   por su autor sin separar el pensamiento de los medios precisos para llevar a       cabo el indicado pensamiento de Casa propia para nuestro Centro, habrá de ser     un medio seguro, altamente honorable y elevado de recaudar ingresos, nada           despreciables, a tal fin cree prudente someter en este acto a vuestra consideración la conveniencia urgente, de que esa directiva, de que todos             nosotros, asociados como un solo hombre, prestemos desde este momento    cuanto apoyo y protección precise la realización de la idea hermosa del Sr.             Fuerte Arias, el cual merece por ella, ahora y siempre, la gratitud de este             Centro.

 

                        Casa del Centro Asturiano a 11 de junio de 1910.”         

 

            La proposición anterior fue acogida con general satisfacción por parte de todos los asistentes, a lo que acto seguido el presidente, Sr. Martínez Kleiser, solicita la toma de consideración de la misma, que es aceptada por unanimidad.

 

            En atención a lo anterior, el Centro Asturiano de Madrid se hace eco de la idea y se compromete, desde entonces, a prestarle al proyecto todo el apoyo necesario, por lo que se nombra una Comisión encargada de gestionar lo concerniente a la concesión de la condecoración, reservándose el propio Centro la expedición de diplomas, cruces, cobro de las mismas y todo lo demás inherente al gobierno de la misma.

 

            La Comisión quedó formada por el propio autor del proyecto, D. Rafael Fuertes Arias; D. Alejandro Salmeán; D. Lorenzo N. Celada y D. Francisco Ladreda.

 

            De las gestiones realizadas por la citada Comisión, hay que citar en primer lugar la búsqueda de un artista plástico capaz de llevar a efecto la materialización del diseño de la propia condecoración, cuyo encargó, sin interés económico alguno, recayó en D. Nemesio Martínez, prestigioso profesor de Artes e Industrias en Gijón.

 

            Una vez concluido el diseño de la pretendida condecoración, la directiva del Centro Asturiano de Madrid encarga al Sr. Balbín de Unquera la redacción de la propuesta que deberá someterse al Gobierno de la Nación para el establecimiento de una Cruz destinada escuetamente a conmemorar los hechos gloriosos protagonizados por los asturianos. En dicha proposición se expresa lo siguiente:

 

            “Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros:

 

                        El Centro Asturiano establecido en Madrid y con él la representación de    todos los hijos de Asturias, a V. E., con el debido respeto, expone:

 

                        Que celebrando todas las provincias, a competencia, el Centenario de la      gloriosa guerra de la Independencia española, no puede permanecer indiferente   Asturias a semejante actitud, sobre todo atesorando imperecederos recuerdos.        Aragón, Galicia, Cataluña, han dado muestras de vida y el Gobierno,        respecto a ellas, ha cumplido el gratísimo deber de renovar memorias que se     invocan, no sólo como sombra de lo pasado, sino también como aurora de         regeneración  para lo porvenir; y como la actitud de Asturias entre los años           1808 y 1813 nada cedió en heroísmo, en sufrimiento, en amor a la Patria, que     como creación suya podía mirar aquel país, a la actitud de las demás         provincias, no renuncia a llamar la atención del Gobierno para que perpetúe          ese recuerdo, autorizando la concesión y el uso de la condecoración creada      para los asturianos por S. M. el Rey D. Fernando VII en virtud de Real orden de      4 de junio de 1815.”

 

            Y concluye suplicando se ponga de nuevo en vigor la soberana disposición antes mencionada, “autorizando el uso de aquella  condecoración con corona de oro para los hijos de Asturias y descendientes de héroes asturianos y con corona de plata para los descendientes de asturianos y cuantas personas ajenas a Asturias hubieren contribuido con trabajos históricos y literarios a narrar episodios  asturianos durante la guerra de la Independencia o con fondos para perpetuar en lápidas o monumentos la memoria de héroes del país, concesión que, a juicio del Gobierno y siguiendo la práctica legal autorizada por el mismo en casos análogos para otras regiones de España, bien pudiera ser el Centro Asturiano de Madrid, principal interesado en perpetuar  sus gloriosos recuerdos como estímulo y laudable ejemplo para las generaciones venideras, el que informe acerca del derecho a usar la mencionada condecoración con carácter oficial a fin de expedir los diplomas conforme a la ley del timbre y demás beneficios económicos de interés para el Estado.

 

            La proposición está circunstancia en Madrid el 25 de junio de 1910, refrendada con las firmas de D. Félix Suárez Inclán, presidente y de D. Gervasio Collar, secretario.

 

            A continuación se describe la condecoración que, con ligeras variantes,  coincide con el modelo de la cruz de distinción del Ejército asturiano creada el 4 de junio de 1815. 

   

Descripción de la insignia

 

             Se compone de una cruz de cuatro brazos iguales esmaltados en blanco, terminados en globos de oro; en los extremos de cada una de los brazos un triángulo isósceles de color amaranto (rojo); en el centro, un círculo de color azul con la efigie del rey Pelayo y alrededor el letrero, sobre fondo blanco, Asturias nunca vencida, en letras azules; en el reverso –cuyos esmaltes no se describen– el letrero: Gloria a los defensores de Asturias 1808–1814 – I Centenario. Se completa con una corona, mitad de laurel y mitad de encina, por debajo de la cruz y, entre cada una de las divisiones de los brazos, ráfagas de oro. Una corona mural la une a una cinta mitad amaranto, mitad amarillo-pajizo. Sobre la cinta, se adicionan cinco pasadores de metal dorado con los nombres, en letras negras, de las acciones más importantes desarrolladas en Asturias.

 

            Según los autores del proyecto, estos cinco pasadores, “recordatorios de igual número de hechos de armas en que gloriosamente salieron triunfantes los asturianos”, deberían llevar los nombres siguientes: Colombres, Santa María de Miranda[2], Peñaflor, Grado y El Padrún[3].  

                                                                      

            Ya D. Fermín Canella Secades, cronista oficial de Asturias a la sazón, con fecha 18 de mayo de 1909, coincidiendo con el I centenario de la acción de guerra desarrollada en el estratégico desfiladero de Peñaflor, se había adelantado a la iniciativa propuesta por el Centro Asturiano de Madrid. Para ello, D. Fermín hace alusión a una solicitud por él presentada a la comisión formada por la Diputación provincial para inteligencia de los actos previstos en el Principado para conmemorar las distintas efemérides. El propio Canella, después de catorce meses sin recibir respuesta  alguna de la corporación, eleva directamente su propuesta al presidente del Consejo de Ministros insistiendo sobre las consideraciones históricas expuestas, haciendo alusión, además, a los reales decretos de 25 de enero y 14 de mayo de mayo de 1909 de concesiones análogas a otras provincias españolas conmemorando sus hechos gloriosos durante la Guerra de la Independencia.

            La solicitud de D. Fermín Canella iba acompañada con un boceto de la condecoración por él propuesta que, en esencia, reproduce con toda fidelidad el anverso de la cruz de distinción establecida por Real Orden de 4 de junio de 1815 para premiar el “el entusiasmo, valor y bizarría con que se condujo el egército asturiano en el tiempo que circundada de enemigos aquella Provincia, y sin auxilios del Gobierno Supremo fue acometida por los que estaban en Galicia, Castilla y Montañas de Santander, mandados por el Mariscal Ney y por Generales Kellerman y Bonet; habiéndose sostenido á pesar de su corto número cerca de un año con escarmiento de los mismos  enemigos, á quienes en varios y repetidos encuentros batió y rechazó con mucha gloria de las Reales armas y honor de sus naturales”.

            Es decir, la cruz propuesta por Canella se componía de cuatro aspas esmaltadas en blanco y en cada una de ellas un triángulo isósceles color amaranto, las cuales caen sobre un escudo circular, en cuyo centro lleva una cruz de plata en campo azul, con el lema en el exergo “Asturias nunca vencida”. El reverso, sin embargo, difiere del modelo de 1815, ya que consideró oportuno incluir el anverso que lleva la “Medalla de la Cruz de la Victoria -1808”, instituida por la Junta Suprema de Asturias como insignia o distintivo de sus miembros, en el que aparece la Cruz de la Victoria colocada en la cima de las montañas asturianas, rodeada del lema: HOC SIGNO VINCITUR INIMICVS; y, debajo de éste, como novedad, la inscripción: OVIEDO  9-25 DE MAYO  DE 1808. La corona, según Canella, debería ser de príncipe y la cinta de tres listas de los colores nacionales.

 

            El propio presidente del Consejo de Ministros, en carta personal dirigida a D. Fermín Canella, expresa “que concederá la Insignia Asturiana”.

            Como suele suceder con todas las cosas de Asturias, la propuesta de D. Fermín Canella para el establecimiento de esta condecoración conmemorativa de la efeméride asturiana, a pesar de contar con el beneplácito del presidente del Consejo de Ministros, no prosperó. Desgraciadamente, se desconocen las causas que motivaron la no concesión de esta insignia al Principado de Asturias que, por derecho propio, tenía más que merecida. Parece ser que la iniciativa emprendida un año más tarde por el Centro Asturiano de Madrid tampoco tuvo la acogida que se esperaba, por lo que Asturias no siguió el ejemplo de Zaragoza, Gerona, Ciudad Rodrigo, Astorga, Vitoria, Reconquista de Vigo, Bruch, etc, que sí crearon, con la preceptiva sanción real, las condecoraciones conmemorativas de sus respectivos centenarios.

 

 

 

 

Condecoración conmemorativa propuesta por el Centro Asturiano de Madrid



[1] La práctica totalidad de la información sobre esta condecoración ha sido extraída de la publicación ASTURIAS (Revista ilustrada del Centro Asturiano de Madrid), ejemplares correspondientes a los meses de julio y septiembre de 1910

[2] Este nombre es erróneo,  ya que todo hace indicar que se trata San Martín de Miranda, en cuyo lugar  se desarrolló la importante acción de este mismo nombre librada por las tropas del general Vorster en junio de 1809.

[3] Se considera acertada la inclusión de COLOMBRES, porque en aquel dispositivo se desarrollaron acciones importantes durante los ataques generales de los meses de enero y febrero de 1809. La acción, o acciones posteriores, que tuvieron lugar en el puente de PEÑAFLOR, a pesar de no salir “triunfantes”, se estima de vital importancia por el honor que supuso haberse batido contra fuerzas enemigas superiores. Sin embargo, no se puede estar de acuerdo con los nombres de Grado y El Padrón; aunque en el primero de los puntos citados si se llevaron a cabo diversas acciones, fueron de menor importancia que otras desarrolladas en distintos teatros de operaciones, unas con alto tributo de sangre y otras con brillo para las armas españolas. No se puede menospreciar el importantísimo escenario bélico que supuso la línea de PAJARES, que abarcaba desde Campomanes hasta La Robla, cuyo nombre, por las brillantes acciones libradas en el dispositivo, debería sustituir el de El Padrún. Grado, debería sustituirse por NALÓN-NARCEA, importante también al englobar, además de esa localidad, El Fresno (punto interesante en los caminos reales de La Mesa y de salida a Galicia, en donde se desarrollaron continuos y duros combates), Linares de Cornellana (esta acción, por la que se pagó un alto tributo de sangre, representó un día glorioso para las armas de España), El Puelo, etc. Por último, otro gran olvido ha sido el no incluir el nombre de NAVIA-EO.